Código de barras

aduanas

En el editorial de este número del Boletín Aduanero mencionamos los códigos de barra como una tecnología de identificación de mercancías que puede y debe utilizarse masiva y perfectamente en nuestras aduanas, bien para facilitar la creación de extensas bases de datos sobre el valor de mercancías, su clasificación arancelaria y para optimizar el control e inventario dentro de las zonas primarias aduaneras.

A decir de los expertos, los códigos de barras son un conjunto de cifras con una estructura predeterminada, cuyo objeto es lograr la identificación inequívoca de un producto, ítem, o servicio; también se dice que son arreglos precisos de líneas paralelas (barras) y espacios que varían en la anchura para representar los datos. Estas barras son capturadas mediante scanners o lectores ópticos y reconocidas y procesadas por sistemas informáticos.

La gran virtud de este sistema desde nuestro punto de vista de aduaneros interesados en un mejor control de las mercancías, es que dota a cada producto de una identificación única, de una suerte de cédula de identidad que al ser recibida por el sistema informático indica la marca, modelo y otras características previamente almacenadas. Así, por ejemplo, una grabadora digital marca Sony, modelo ICDB16 tiene asignado un código de barras exclusivo, es decir, una identificación que la distingue de cualquier otra manufactura, incluyendo las de la misma marca.

Un servicio aduanero que adopte esta tecnología estaría en capacidad de reducir hasta el infinito los errores en la identificación de las mercancías, no sólo en la toma de la información (se estima que una persona promedio comete un error por cada trescientos caracteres digitados, mientras que los lectores de código cometen un error por cada trillón de capturas), si no también en la diferenciación de las características que diferencian un bien de otro y que, en consecuencia, lo hacen único.

En un futuro no lejano y en virtud de la aplicación de tecnologías modernas, podremos ver planillas de liquidación de gravámenes aduaneros que señalen las identificaciones exactas de los productos que amparan, prodigando seguridad jurídica para el importador honesto y medios para descubrir al tramposo; podríamos contar con una excelente base de datos de clasificaciones arancelarias, pues una vez clasificado un producto ese pronunciamiento técnico quedaría registrado para uso semejante en todas las oficinas aduaneras; los valoradores encontrarían una inestimable ayuda al contar con una información ágil sobre los precios declarados anteriormente por otros importadores para un producto idéntico (no similar), facilitando de consuno el establecimiento de franjas de valores admisibles; aumentaría notablemente la eficacia del control posterior, el cual podría realizarse (a lo menos en un primer estadio) desde la misma oficina del funcionario fiscal al disponer, sin previo requerimiento, de toda la información requerida para cumplir sus labores.

Lo que antecede es apenas un bosquejo de lo que puede hacerse; apenas es un esbozo de la aduana que queremos y que podemos lograr con inteligencia, tesón y amor a la patria.

Autor: Carlos Asuaje Sequera
Noviembre 2006/Boletín Aduanero N° 34