Contrabando cero

aduanas

La decisión del SENIAT de adelantar una vigorosa política anticontrabando, merece el apoyo de todos los órganos del Estado y de la ciudadanía en general, vistos los profundos perjuicios que este delito infiere al cuerpo social.

La elusión de la intervención de las oficinas aduaneras en el tráfico internacional de mercancías, implica no sólo daños de índole económica al generar contracción de la producción nacional por la vía de la pérdida de mercado, si no que elimina las barreras sanitarias, de orden público, paz social y defensa de la moral cuya gestión está encomendada por las leyes al servicio aduanero nacional.

El contrabando es asunto que a todos debe preocupar por igual, pero la incorporación activa de la ciudadanía a la lucha contra este mal, sólo podrá lograrse mediante una vasta y permanente campaña pedagógica que oriente al ciudadano y lo haga percibir que el mismo es el cuerpo del delito.

Por otra parte, debe admitirse públicamente que los contrabandos pasan por los recintos aduaneros y que en su ejecución están involucrados funcionarios corruptos, tanto civiles como militares; sería necio creer o pretender hacer creer que los pesados furgones ahítos de mercancías de variada índole son descargados en despoblado y trasladados a lomo de mula por los caminos verdes. ¡No! La introducción ilícita se hace a través de una maraña de complicidades entre navieros, almacenistas, funcionarios y personal de resguardo, ante la mirada bobalicona y distraída de una aduana que desde hace tiempo perdió el control de los cargamentos y se regodea manejando papeles que en muchos casos no tienen ninguna relación con la realidad.

Mucho se ha comentado sobre la aduana nocturna, esa que abre sus puertas entre gallos y medianoche para dejar salir ingentes cargamentos que no aparecen reflejados en los sobordos y cuya descarga subrepticia es posible ante la ausencia de confrontación entre la carga y los sobordos que deben ampararla. Ante esto, la simple colocación de puertas seguras en las aduanas, controladas electrónicamente y capaces de registrar indubitadamente cualquier apertura en horas inhábiles, podría dar resultados provechosos.

Además, es menester analizar con seriedad la proliferación de almacenes privados «fiscalizados» que de fiscalizados sólo tienen el nombre y que son operados por quienes son de consuno agentes de aduanas, consolidadores y navieros, es decir, que manejan la movilización del cargamento desde la «a» hasta la «z», apenas interrumpida por la intervención de funcionarios aduaneros no siempre dispuestos a cumplir con su deber.

En diciembre el «Contrabando 0» rendirá su examen final. Si tenemos unas navidades sin estruendo, el SENIAT habrá logrado su plausible objetivo; si por el contrario, proliferan los cohetones, tumbaranchos, bin ladens, matasuegras y demás artefactos explosivos, sabremos del ruidoso fracaso del operativo. Una vez más habrá ganado el contrabando.

Autor: Carlos Asuaje Sequera
Septiembre 2005/Boletín Aduaneo N° 20