El caso de los 800.000 dólares

aduanas

La movilización subrepticia de setecientos noventa mil quinientos cincuenta dólares de Estados Unidos de América (US$ 790.550) detectada por la aduana de Buenos Aires, plantea desde el ángulo aduanero venezolano una situación que vale la pena analizar desbrozada de cualquier sesgo político o comercial.

La Ley sobre el Delito de Contrabando (Gaceta Oficial N° 38.327 de fecha 2 de diciembre de 2005) señala en su artículo 2 que incurre en delito de contrabando “… cualquier persona que mediante actos u omisiones, eluda o intente eludir la intervención o cualquier tipo de control de la autoridad aduanera, en la introducción, extracción o tránsito de mercancías al territorio o demás espacios geográficos de la República Bolivariana de Vezuela”, señalando para los delincuentes pena de prisión que oscila entre 4 y 8 años, multa equivalente a seis (6) veces el valor en aduanas de las mercancías contrabandeadas y el comiso de éstas, además de penas accesorias consistentes en cierre del establecimiento y suspensión de la autorización para operarlo (cuando fuere el caso), inhabilitación para ocupar cargos públicos o prestar servicio en la administración pública e inhabilitación para ejercer actividades de comercio exterior y las propias de los auxiliares de la administración aduanera.

Del texto mismo del artículo citado se desprende que el contrabando necesariamente se comete mediante la movilización de mercancías que, desde el punto de vista aduanero, son los bienes muebles por su naturaleza a que se refiere el artículo 532 de nuestro Código Civil, es decir, los bienes que pueden cambiar de lugar, bien por sí mismos o movidos por una fuerza exterior. No puede ser de otra manera, pues para que un bien sea mercancía desde el punto de vista aduanero, es preciso que se puedan mover de un lugar a otro, de un territorio aduanero a otro.

Los billetes de banco son bienes muebles por su naturaleza, pero dado su valor extrínseco y su carácter de instrumentos de cambio, pudiera surgir dudas sobre su carácter de mercancías, por lo que es menester un prolegómeno: el Sistema Armonizado de Designación y Codificación de Mercancías de la Organización Mundial de Aduanas (OMA) es la nomenclatura en la cual se basa la Nomenclatura Andina (NANDINA), la cual, a su vez, fue adoptada por el Arancel de Aduanas nacional en cumplimiento de las obligaciones derivadas del ingreso a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), establece en su partida 49.07 que allí se clasifican los billetes de banco, sin discriminar si son nacionales o extranjeros, con o sin valor legal; además, las Notas Explicativas del Sistema Armonizado, al referirse a las mercancías que deben clasificarse en la referida partida, señalan: “D) Los billetes de banco. Este término comprende los billetes a la orden de cualquier clase emitidos por los estados o por determinados bancos autorizados (bancos emisores), para utilizarlos como signos fiduciarios tanto en el país emisor como en los demás países. Se incluyen aquí los billetes de banco que al presentarlos en la aduana no tienen todavía curso legal.” Pero hay más: el artículo 18 del Decreto N° 3.679 (Arancel de Aduanas) dice: “La importación y tránsito nacional de monedas y billetes de curso legal en Venezuela o en el extranjero y de oro y sus aleaciones, tanto amonedado como en barras, fundido o en polvo, estará sujeta a las regulaciones establecidas por el Banco Central de Venezuela, de conformidad con el ordenamiento jurídico vigente.” Así, de manera expresa el Arancel se refiere a la importación de billetes de curso legal en Venezuela o en el extranjero, con lo que se elimina cualquier duda de que tales billetes no sean mercancías, pues de no serlo no podrían ser objeto de importación.

En virtud de lo dicho y trascrito, podemos llegar a una primera conclusión útil para este análisis: los billetes de banco retenidos por las autoridades argentinas, son mercancías.

Como es sabido, los dólares que motivan este análisis, se encontraban dentro de una valija portada por el ciudadano venezolano (o venezolano-americano) Guido Alejandro Antonini Wilson, quien llegó al aeroparque de Buenos Aires procedente de Venezuela en un vuelo privado a bordo de un avión comercial. Según se ha conocido en las últimas horas, dicho vuelo se realizó sin escalas Maiquetía-Buenos Aires, con lo que queda descartada cualquier hipótesis de que la maleta haya sido embarcada con ocasión de una escala para reabastecimiento de combustible. El hecho de que los billetes se encontraran en un continente similar al utilizado para transportar el equipaje de los pasajeros, nos obliga a estudiar el asunto desde el punto de vista de las normas aduaneras que regulan el equipaje de los pasajeros, pues ello puede ser en extremo importante para el estudio del caso. Veamos: los equipajes están compuestos por mercancías de diversa naturaleza y reciben un trato especial, en virtud del carácter de su propietario ante la aduana: el pasajero. Así, mercancías similares pueden ser objeto de regímenes aduaneros distintos en cuanto sean o no portadas por un pasajero; pero para que una mercancía sea tenida como equipaje con los beneficios que de tal condición se derivan, es menester que cumpla ciertas condiciones, a saber: a) Efectos de uso o consumo personal, es decir, que sean del tipo y en cantidades acordes con la duración y características del viaje; b) O que sean obsequios; c) Que unos y otros no demuestren finalidad comercial. Así pues, el régimen de equipaje, regulado en los artículos 120 a 149 (ambos inclusive) del Reglamento de la Ley Orgánica de Aduanas sobre Regímenes Aduaneros Especiales, establece una exención de base cuyo techo es de US$ 2.000 en los casos de importación e ilimitados en los de exportación, siempre y cuando en estos últimos no se hallen efectos regidos por la Ley de Protección y Conservación de Antigüedades u otras disposiciones legales, en cuyo caso el pasajero deberá satisfacer los requisitos en ellas establecidos. (Ver artículo 143 del citado Reglamento). Una segunda conclusión es posible a estas alturas: los billetes a los cuales nos estamos refiriendo no pueden considerarse como equipaje, por lo que les era aplicable el régimen ordinario de exportación, entre los que destacan la declaración y el reconocimiento (Ver artículos 49 a 58 de la Ley Orgánica de Aduanas).

El tráfico internacional de mercancías, como la testa de Jano, tiene dos caras de las cuales se ve una sola, dependiendo de la ubicación del observador. Lo que para un observador es extracción, es para su contraparte introducción y viceversa. Visto este asunto desde el lado venezolano, pareciera que estamos ante una extracción de mercancías sometidas a régimen aduanero ordinario de exportación, sin el cumplimiento de los requisitos sustantivos y formales establecidos para esta operación aduanera y, lo que es peor, omitiendo la declaración y presentación de los efectos ante la aduana, hechos que constituyen omisiones que encajan dentro del tipo penal señalado en el artículo 2 de la Ley sobre el Delito de Contrabando.

Autor: Carlos Asuaje Sequera
Agosto 2007/Boletín Aduanero N° 39