El sujeto activo

aduanas

Milito entre los que creen que Venezuela merece un Código Orgánico Aduanero que ordene, aclare, precise y fundamente con fuerza esta importante actividad; soy conmilitón de quienes aspiran a una aduana apolítica y altamente tecnificada, refractaria a pillos y aventureros y donde el debate sea cotidiana y bien recibida actividad.

Durante décadas hemos trasladado a lo aduanero instituciones propias del derecho tributario, sin reparar en diferencias que no por claras y evidentes fueron debidamente percibidas; quizás ello se explica por la vetustez de la institución aduanera que se diluye en la historia lejana en lugares tan disímiles como la India, Grecia y la Roma de los césares. Hasta el siglo XVII, aproximadamente, las aduanas eran organismos netamente tributarios, creadas con el fin único de aportar al Estado recursos financieros para su actividad. Aflorado el mercantilismo, se empieza a hablar de la ampliación de los mercados, de la protección de los intereses comerciales, de los beneficios de la exportación y de otros asuntos igualmente importantes que cambiarán la faz de las aduanas y las colocarán al servicio de intereses distintos a los fiscales.

Pocas instituciones como la aduanera se han mantenido tan largamente uncidas a la carreta de la historia. Ese pensar histórico, obsoleto pero no periclitado, aun informa al servicio aduanero nacional y es preciso desmontarlo para abrir paso a la modernidad y al cumplimiento pleno de los fines que demandan las nuevas realidades económicas, geopolíticas y sociales.

Lo que antecede desborda el mero deseo de teorizar; son múltiples los efectos negativos que recibe la práctica diaria como consecuencia de la inercia tributarista que nos ha acompañado largamente. Para muestra, basta un botón: el sujeto activo.

Hemos aceptado pacíficamente que en aduanas el sujeto activo es el definido por el artículo 18 del Código Orgánico Tributario (COT), que tuvo su antecedente en el artículo 21 del Modelo de Código Tributario para América Latina OEA/BID, que a la letra establece: “El sujeto activo de la relación jurídica es el ente acreedor del tributo.” Esta redacción, innecesaria e indebidamente modificada, dio paso al mencionado artículo del COT: “Es sujeto activo de la obligación tributaria el ente público acreedor del tributo.”. Con pequeñas variantes, la doctrina señala que el sujeto activo es aquel al cual la ley atribuye determinados derechos y poderes y el pasivo aquel al que la ley impone determinadas obligaciones. Esta dicotomía acreedor-deudor ha sido trasladada sin sindéresis al derecho aduanero, cuando la relación jurídico-aduanera tiene características muy distintas, pues los dos sujetos tienen obligaciones y derechos, es decir, capacidad para exigirle al otro la observancia de una determinada conducta.

Cuando el Estado retiene las mercancías y las deposita en patios y almacenes ad hoc, se procura una garantía para asegurar la deuda impositiva y el cumplimiento de trámites y requisitos por parte del consignatario, exportador o remitente, pero a la vez queda obligado a entregar las cosas retenidas una vez que se haya cumplido el trámite y pagados los impuestos, tasas y multas, si las hubiere. A diferencia del Impuesto sobre la Renta o del Impuesto al Valor Agregado, donde el Estado simplemente ejerce su poder de imperio para cobrar (aun por medios coactivos) las cantidades que se le adeudan sin adquirir por ello alguna obligación, estamos en presencia de un sujeto activo y otro pasivo, de un deudor y un acreedor, de quien ejerce un derecho y de quien cumple una obligación.

¿Sucede esto en aduanas? Ni remotamente, por cuanto las obligaciones que adquiere el Estado con el ciudadano siempre superan las que éste tiene con él. ¿Por qué? Porque el valor de las mercaderías retenidas siempre supera al de los impuestos causados, máximo cuando el pago adelantado de los impuestos es imposición de vieja data aplicada pacíficamente en todas las aduanas del País. Así pues, quien resulta obligado es el acreedor prendario, quien no podrá apropiarse de la cosa recibida en prenda ni disponer de ella bajo ningún respecto. Entonces ¿Quién es el sujeto pasivo? Si tuviéramos que calificar de activo y pasivo a los sujetos intervinientes en los regímenes aduaneros, quien estaría en situación de pasividad sería el Estado, potencialmente obligado a reintegrar impuestos y a pagar el cargamento en caso de pérdida, robo o deterioro. Pero lo más sano sería distanciarnos de los conceptos de sujeto activo y pasivo para explorar la conveniencia de hablar de persona de derecho público y de derecho privado para referirnos, respectivamente, al Estado y al ciudadano que importa, exporta o transita.

Dejo en el aire una pregunta: ¿Cuál es el órgano que representa al Estado en su relación con el importador, el exportador o remitente? Amigo lector, tiene usted la palabra.

Autor: Carlos Asuaje Sequera
Julio 2015/Boletín Aduanero N° 58